Un casi-descanso en Semana Santa. El microcosmos de un taller.

planificación

Para Semana Santa paramos todo (en Sevilla no se puede hacer mucho más) pero yo sigo en la ciudad, medio viendo nazarenos, lluvia mediante, medio adelantando los programas de mayo.

¿Adelantando? Sí, los talleres nuevos siempre necesitan algo de rodaje. Las recetas las tengo claras, desde que decido el programa. Sin embargo hay que pulirlas, semplificarlas, perfeccionarlas. Los alumnos a menudo piden instrucciones precisas y medidas exactas, y yo intento darlas siempre que se pueda. Mejor, creo, pasarse de detalles, ya que el que sea más avanzado en cocina será capaz de adaptarla a sus criterios, mientras que el principiante agradecerá los pasos detallados.

Además de pulir las recetas, hay que adaptar las cantidades – a veces tiro de recetas que son para dos o para ocho, e intento hacerla siempre para 4-6. Así que hay que hacerlas una y otra vez. Luego queda la foto – a menudo se me olvida hacerla, pero es lo ideal, ya que así puedo presentar mejor cada taller. La comida, se sabe, entra también por los ojos.

Por último están los tiempos. Hay que ver cómo las tres/cuatro recetas del taller encajan entre sí, cuál necesita horno, placa, encimera, espacio en el frigorífico. A menudo la selección de las recetas se basa en cuestiones logísticas de este tipo, aunque luego saque un programa como el de Tartas Saladas, donde hacíamos tres platos con horno (para habernos matao… ¡Pero todo salió bien!).

El primer taller nuevo siempre es una sorpresa: hasta que no están los 6 alumnos en la cocina no se sabe cómo irá. De pronto me daré cuenta de que había un paso más que había obviado, o algo que pensaba que llevaría una hora se hace en diez minutos. Cada vez aprendo algo más, voy puliendo más el discurso, las preguntas de los alumnos hacen que aclare más cosas a la vez siguiente. Hay cosas que siempre preguntan pero no las adelanto porque me gusta que pregunten.

Por último, cada taller, no importa cuántas veces lo haya impartido, es un mundo aparte: seis personas, con su bagaje y su saber, comparten el espacio conmigo e interactúan entre sí. Eso hace que cada vez sea una experiencia distinta, y es lo que siempre me encantó de la enseñanza, que nunca es aburrida. A veces (pocas) sale mal: personalidades que chocan, o yo no estoy muy fina y no consigo dar todo lo que puedo y quiero. Casi siempre sale estupendamente (aunque esté feo que lo diga yo) y el tiempo se pasa volando.

En Feria me tomaré vacaciones-vacaciones, de las de maleta y viaje, pero hoy, lo que toca, es cuidaros a vosotros.

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